Al weimaraner se lo escoge con los ojos: el gris de plata, la mirada clara, un cuerpo de atleta. Lo que casi nadie pregunta antes de pagar es para qué lo hicieron, y qué le pasa a ese oficio cuando lo encierran en una casa sin nada que buscar.
Su estándar cuenta que ya vivía en la corte de Weimar en el primer tercio del siglo XIX, que lo criaron cazadores profesionales y guardabosques de Turingia y que desde 1890 se cría con plan y con libro de registro. Lo quiere versátil: que trabaje en el campo, en el bosque y en el agua, antes y después del disparo, que busque con método y que marque la pieza quedándose quieto. Según ese mismo texto, es probablemente la raza alemana de muestra más antigua criada en pureza, desde 1900.
Ese cuerpo de cazador dura. Un equipo británico calculó la longevidad de casi 585 mil perros, y el weimaraner salió con 12,8 años de vida mediana: por encima de los mestizos, que se quedaron en 12, y bastante por encima del gran danés, el doberman, el boxer o el pastor alemán, ninguno de los cuales llegó a 11,5 (McMillan y colegas, 2024). Lo que pone en riesgo a esta raza no suelen ser los años; son las urgencias que llegan sin avisar, y una que no sale en ninguna radiografía: la soledad.
Un equipo húngaro filmó a 56 perros de familia mientras su dueño salía del cuarto, y comparó lo que hacían con lo que esos mismos dueños contaban de ellos en la vida diaria. Los que en casa exigen y presionan, por la comida, por el juego o por la compañía, ladraron antes y rascaron la puerta. Los miedosos gimieron y no ladraban. Los que tenían fobias, como a los truenos, gimieron algo más e intentaron escapar (Lenkei y colegas, 2021).
Dicho en sencillo: dos weimaraners que destrozan la misma puerta pueden estar sintiendo cosas opuestas, uno frustración y el otro miedo. Por eso no existe un remedio de mostrador para «la ansiedad por separación»: antes de tratarla hay que saber cuál de las dos lleva el suyo por dentro.
Ningún promedio le cuenta cómo será el suyo. Cuentan la camada de la que salió, cómo durmió sus primeras noches en casa, cómo se le enseñó a esperar y qué trabajo recibe hoy su nariz. La raza trae el motor de cazador; la familia decide si ese motor aprende a descansar.
El valor de un weimaraner no está en el tono de su gris. Está en cómo pasa las horas cuando usted no está.