Al rottweiler casi siempre lo presenta su fama: el perro que nadie quiere encontrarse detrás de un portón. Su estándar internacional, el documento que define la raza, describe otra cosa: un perro bonachón, sereno en el fondo, entregado a su gente, obediente y con ganas de trabajar.
Viene de muy atrás. Ese mismo estándar cuenta que sus antepasados cruzaron los Alpes con las legiones romanas, protegiendo a la gente y arreando el ganado, y que en la región de Rottweil, en Alemania, se mezclaron con los perros del lugar. Allí lo criaron los carniceros para mover y vigilar las reses, defender a sus dueños y tirar de carretas, hasta que en 1910 fue reconocido como perro de policía.
¿Y la fama? En la Universidad de Lincoln compararon, con cuestionarios validados, ocho razas que algún país restringe por «peligrosas», el rottweiler entre ellas, con diecisiete razas sin restricción alguna. En el rasgo ligado a la agresión no hubo diferencia entre los dos grupos, y dentro de cada raza los perros variaron muchísimo: el nombre de la raza no basta para anticipar cómo se portará un perro en particular (Hammond y colegas, 2022).
Lo que sí viene marcado en su cuerpo está en el hueso. Entre más de 900.000 perros atendidos durante un año en clínicas británicas, el osteosarcoma, un cáncer de hueso, se diagnosticó en casi 1 de cada 120 rottweilers, unas 23 veces la frecuencia del conjunto, y casi 1 de cada 5 casos de toda la base correspondía a un rottweiler (O'Neill y colegas, 2023).
Ahora viene lo que rara vez se le explica a quien compra. En Australia, con los expedientes de más de 7.000 rottweilers, los castrados antes de los 4 años y medio vivieron menos que los enteros: cerca de un año y medio menos los machos y un año menos las hembras (Joonè y Konovalov, 2023). En Norteamérica, entre rottweilers que superaron los 13 años, los operados antes de los 2 años tuvieron cuatro veces más rupturas del ligamento cruzado (Waters y colegas, 2023).
Ninguna de esas cifras le anticipa qué perro va a tener. Pesan sus primeras semanas de vida, cuánto mundo conoció de cachorro, cómo se le enseña y cómo se le trata hoy, tanto o más que su árbol genealógico. Los genes le dan un cuerpo; el temperamento se pule bajo su techo.
La fama de un rottweiler se gana en el portón; sus años, en decisiones que se toman mucho antes. Cuándo operarlo, cuánto pesa y quién lo cría pesan más que cualquier pedigrí.