Casi todo el que compra un cane corso en Costa Rica lo quiere para lo mismo: que cuide. Lo escoge por la cabeza grande, el pecho ancho y la mirada seria, y le reserva un lugar junto al portón. Pocas veces alguien pregunta cuántos años va a durar ese guardián.
Su estándar internacional lo hace descender del antiguo moloso romano. Hubo perros así por toda Italia, pero en el pasado reciente la raza sobrevivía casi solo en Apulia y en las regiones vecinas del sur. El nombre viene del latín «cohors», que su estándar traduce como protector, guardián del corral. Cuidaba la casa, la familia y los animales de la finca; también arreaba reses y salía a la caza mayor.
Ese estándar se reescribió en 2023, y lo que dice sorprende a quien conoce la raza por fotos de internet: orejas sin cortar, cola natural, párpados bien ajustados al ojo y un tamaño que el texto describe como «de mediano a grande». Además, descalifica los dos extremos del carácter: el perro agresivo y el exageradamente tímido.
Ahora, los números que nadie pone en el anuncio. En el análisis más grande que se ha hecho sobre la longevidad de los perros, con 584.734 animales del Reino Unido, la mediana de vida del cane corso fue de 8,1 años; la de los mestizos, 12. La mitad de esos perros no llegó a esa edad. De las 155 razas de la tabla, solo el pastor del Cáucaso y el presa canario quedaron más abajo (McMillan y colegas, 2024).
Y está la cara. Su estándar pide párpados firmes; sin embargo, en los registros clínicos de cientos de consultorios británicos, el cane corso mostró cerca de 40 veces el riesgo de ectropión de un mestizo, ese párpado de abajo que cuelga hacia afuera (O'Neill y colegas, 2025), y en un solo año a 13 de 388 se les salió la glándula del tercer párpado, el famoso ojo de cereza (O'Neill y colegas, 2022).
Ninguna de esas cifras le dice quién es el perro que duerme en su casa. Eso también lo escriben el tiempo que compartió con su madre y sus hermanos, las personas que lo trataron de pequeño, el estilo con que lo educan y el trato que recibe hoy. En un animal de 45 kilos, cada error de crianza se nota más.
Un cane corso no nace guardián ni nace bravo: nace con un oficio que alguien tiene que enseñarle a ejercer con calma. Y su salud, igual que su carácter, empieza a decidirse antes de pagar el primer colón.